Lo que una moneda en una cinta roja o un elefante con la trompa levantada representan en China o un Buda sonriente en la India, un moro con turbante blanco lo representa en Rijeka, y gracias a su popularidad entre todas las clases sociales, se ha convertido en el recuerdo de Rijeka.
Es uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad, de sus numerosos servicios y eventos, especialmente del Carnaval Internacional de Rijeka del que ha sido el símbolo auténtico desde 1991. El morčić (moro pequeño) es una pieza de joyería original de Rijeka, Kvarner y Hrvatsko primorje, cuya forma más frecuente es la de pendientes. Aparte de su estética y función decorativa, también es un signo de lealtad a la región. Hoy en día, el 70 % de las mujeres de la localidad llevan los pendientes con el busto de un moro con turbante, independientemente de su condición social y nacionalidad en la Rijeka multiétnica, que cuenta con 22 de las minorías nacionales. Son precisamente la gran variedad y el crisol de culturas los que constituyen el mayor valor de la ciudad que acogerá a cualquier persona que busque un lugar para vivir, igual que a un viajero de oportunidad o a alguien que persiga lo que el dinero no puede comprar. Sin embargo, usted estará de acuerdo en que nadie tiene todo lo que necesita, y no nos referimos únicamente a lo material, sino, sobre todo, a la felicidad espiritual. Nuestro ganador del premio Nobel, Ivo Andrić, escribió una vez que “es extraño lo poco que necesitamos para ser felices, y aún más extraño cómo ese poco es lo que nos falta”. Estimado lector, tal vez usted encuentre en el morčić de Rijeka, nuestro amuleto para la buena suerte, esa “pequeña cosa”.
Vino de una leyenda
Aparte de ser un símbolo de la historia y la tradición de nuestros antepasados y de las hábiles manos de nuestros orfebres, el morčić es también un símbolo de la difusión de energía positiva. Al mantenerlo cerca, nos trae optimismo y garantiza que nuestros deseos se hagan realidad, garantiza nuestra serenidad, la protección de nuestros enemigos y de todas las fuerzas del mal. Antaño el pendiente morčić fue usado por los hombres también y, sobre todo, por los pescadores y sus hijos únicos. Incluso hoy en día a menudo decora la oreja de algunos hombres, y no es en absoluto raro encontrar broches, pulseras, anillos y alfileres con la imagen de morčić en los cofres de casi todas las familias de Rijeka. Debido a su aspecto atractivo e importancia histórica, el morčić ha alcanzado una fama mundial envidiable, hasta conseguir tener un folleto turístico que describe la importancia de este símbolo popular en 30 idiomas. Numerosas historias se han contado sobre los orígenes del morčić, se han cantado numerosas canciones populares y leyendas, entre las cuales hay dos que gozan de especial popularidad. La primera es la leyenda de Zrinski, descrita por Radmila Matejčić, la renombrada arqueóloga e historiadora de arte, natural de Rijeka. El origen de la leyenda se remonta al siglo XVI cuando los otomanos establecieron un campamento en el campo Grobnik, amenazando con atacar Rijeka. Un noble, Zrinski, disparó una flecha desde Gradina, el castillo situado en las proximidades de Jelenje, que golpeó la sien del pachá otomano después de que su ejército se dispersase. Según Matejčić, durante el período de la ocupación otomana el pueblo de Rijeka miraba hacia el cielo y rezaba a Dios para que tirara piedras y matara a todos los otomanos. Esto es exactamente lo que sucedió cuando intentaron huir: las piedras cubrieron a los otomanos, y solo sus turbantes quedaron en el campo. En recuerdo a este acontecimiento, los hombres de Rijeka colocaron pendientes en forma de una cabeza con un turbante en las orejas de sus esposas. La segunda leyenda proviene de la península de Pelješac y cuenta que una condesa italiana tenía una criada negra a la que le tenía mucho afecto y por eso le dio la libertad y, para acordarse de la niña, ordenó hacer los pendientes que llevaban su imagen. La creación del morčić en gran medida fue influenciada por Venecia que en los siglos XVII y XVIII estaba obsesionada con el Oriente; aparte de utilizar especias, perfumes, telas, ropa y joyas orientales, los ricos patricios venecianos introdujeron a pajes y servidores en sus cámaras: moros vestidos con ropa oriental. Eso inspiró a numerosos orfebres venecianos a crear alfileres decorativos en forma de un moro con turbante, un busto de oro, ricamente decorado con piedras preciosas, conocido como “moretto”.
De las manos de maestros experimentados
Al mismo tiempo, en Rijeka fue diseñado el morčić, una versión más modesta del “moretto veneciano”. Debido a sus características, artesanía magistral y precio aceptable, el morčić llegó a ser una pieza de joya de señora tradicional, principalmente de las mujeres de Rijeka. El último fabricante del “moretto”, Raúl Rolandi, vivió en Rijeka hasta finales de 1940. Gracias a los moldes y bocetos de su taller, obtenidos para la colección cultural e histórica del Museo Marítimo e Histórico del Litoral Croata de Rijeka, ahora sabemos cómo se hizo el morčić. El molde del marco del morčić se hace en positivo y luego se imprime sobre un hueso de sepia para obtener el negativo en el que se vierte el oro fundido. Cuando el oro se endurece, se obtiene un positivo de oro cuya superficie está cincelada con limas y cuchillos para permitir que se adhiera a esta el esmalte triturado en polvo fino. El polvo se pone entonces en ácido nítrico, se deja dos horas, se lava y después se seca. El esmalte se mezcla con una gota de agua sobre un trozo de vidrio y esta mezcla se coloca entonces en el marco de oro usando una aguja. Cuando el esmalte se pone sobre el marco, se forma la cabeza, realizando con cuidado las áreas para las orejas, la nariz y la barbilla. Tres puntos de oro representan los ojos y la boca. Este molde se coloca en un horno pequeño en forma del cilindro cortado longitudinalmente. Radmila Matejčić denomina este proceso “esmaltado a primera mano”. La “segunda mano” es más precisa; en los toques finales se hacen las formas de la cabeza, se limpian los surcos, se cierran los agujeros en el esmalte y, finalmente, se da forma a la nariz y se añaden lunares negros sobre el turbante blanco. El modelo preparado de esta manera se pone de nuevo en el horno. Cuando el proceso en horno se haya completado, el oro se vuelve negro por lo que el morčić se pone en una solución de ácido clorhídrico ligera para que se convierta en blanco. Después de lavarlo, el morčić tiene que ser limpiado con limas finas y cepillos. “Incluso hoy en día el morčić está hecho a mano, aunque se utiliza una tecnología más avanzada, lo que simplifica considerablemente el proceso”, dice uno de los más reconocidos maestros orfebres de Rijeka, Tonči Grabušić, y añade que, precisamente, el desarrollo tecnológico hizo que este amuleto para la buena suerte estuviese al alcance de cualquier persona. Los propietarios de la galería privada más antigua de Croacia, Galería pequeña de Bruketa, situada en la Ciudad Vieja de Rijeka, fabrican este recuerdo usando las técnicas de procesamiento de cerámica originales. El morčić se calienta dos veces a la temperatura de 1000 grados y luego, viene decorado con dorado a la temperatura de 690 grados. También han preparado para sus clientes un certificado que ha sido traducido a más de 30 idiomas. Aunque el procedimiento de producción de recuerdos y joyas requiere una excepcional habilidad, paciencia y precisión, el hecho que el precio del morčić sea aceptable para todos se debe a que los maestros y artistas de Rijeka son conscientes de que la felicidad no se puede comprar; la fuente de nuestra felicidad está en las características subjetivas: un carácter noble, un espíritu aventurero, un temperamento feliz, una mente alegre y un cuerpo sano. Y el morčić es precisamente un símbolo de todo ello; es Rijeka con corazón abierto.




